Experimento del Perdón. Reto de 30 días. Días 27 al 29

junio 8, 2017 brendareyes No comments exist

Días 27 al 29 del Experimento del Perdón

HO´OPONOPONO
por Joe Vitale

Hace dos años, escuché hablar de un terapeuta, en Hawai, que curó a un pabellón entero de pacientes criminales desequilibrados mentales sin siquiera ver a ninguno de ellos. El psicólogo estudiaba la ficha del preso y, enseguida, miraba hacia su interior con el fin de ver como él había creado la enfermedad de esa persona. A medida que él mejoraba, el paciente también mejoraba.

La primera vez que escuché esa historia, pensé que se trataba de alguna leyenda urbana. ¿Como podía alguien curar a otro, solamente a través de curarse a sí mismo? ¿Cómo podría, aunque fuese el maestro de mayor poder de auto-cura, curar a alguien criminalmente trastornado?

No tenía ningún sentido, no era lógico, de modo que descarté esa historia. No obstante, la escuché de nuevo, un año después. Supe que el terapeuta había usado un proceso de cura hawaiano llamado “Ho’oponopono”. Nunca había escuchado hablar de él, sin embargo, no conseguía quitármelo de la mente.
Si la historia era realmente verdadera, yo tenía que saber más sobre él. Siempre supe que total responsabilidad significaba que yo soy responsable por lo que pienso y hago. Lo que esté mas allá, está fuera de mis manos. Creo que la mayor parte de las personas piensa lo mismo sobre la responsabilidad. Somos responsables por lo que hacemos y no por lo que hacen los otros. El terapeuta hawaiano que curó a esas personas mentalmente enfermas me enseñará una nueva perspectiva avanzada sobre lo que es la total responsabilidad. Su nombre es Dr. Ihaleakala Hew Len.

Pasamos, probablemente, una hora hablando en nuestra primera conversación telefónica. Le pedí que me contase toda la historia de su trabajo como terapeuta. Él me explicó que había trabajado en el Hospital del Estado de Hawai durante cuatro años. El pabellón donde encerraban a los locos criminales era peligroso. Por regla general, los psicólogos dimitían después de un mes de trabajo allí. La mayor parte del personal del hospital se ponía enfermo o dimitía. Las personas que pasaban por aquél pabellón simplemente caminaban con la espalda contra la pared por miedo a ser atacados por los pacientes. No era un lugar bueno para vivir, ni para trabajar, ni para visitar.

El Dr. Len me dijo que nunca vio a los pacientes. Firmó un acuerdo para tener una sala en el hospital y revisar sus expedientes médicos. Mientras leía los expedientes médicos, él trabajaba sobre sí mismo.

Mientras él trabajaba sobre sí mismo, los pacientes comenzaron a curarse. “Después de unos pocos meses, los pacientes que estaban atados con correas, recibieron permiso para caminar libremente”, me dijo.

“Otros, que tenían que estar fuertemente medicados, comenzaron a reducir sus medicaciones. Y aquellos, que nunca hubiesen tenido la posibilidad de ser liberados, recibieron el alta”. Yo estaba asombrado.

“No fue solamente esto”, continuó, “hasta al personal comenzó a gustarle ir a trabajar. El absentismo y los cambios de personal desaparecieron. Terminamos con más funcionarios de lo que necesitábamos, porque los pacientes eran dados de alta y todo el personal seguía viniendo a trabajar. Hoy, aquél pabellón del hospital está cerrado”. Fue en este momento en el que yo tuve que hacer la pregunta de un millón de dólares: “Señor, ¿qué hizo usted consigo mismo para provocar tal cambio en esas personas?

“Yo simplemente estaba curando aquella parte en mí que los había creado”, dijo él. No lo entendí. El Dr. Len me explicó, entonces, que entendía que la total responsabilidad de nuestra vida implica todo lo que está en nuestra vida, por el simple hecho de estar en nuestra vida y ser, por esta razón, de nuestra responsabilidad. En un sentido literal, todo el mundo es creación nuestra. ¡Guau! Pero eso es duro de digerir. Ser responsable por lo que digo y hago es una cosa. Ser responsable por lo que dice y hace otra persona que está en mi vida es muy diferente.

A pesar de ello, la verdad es esta: si usted asume la completa responsabilidad de su vida, entonces todo lo que usted ve, escucha, saborea, toca o experimenta de cualquier forma es su responsabilidad, porque está en su vida. Esto significa que la actividad terrorista, el presidente, la economía o cualquier cosa que usted experimenta y no le gusta, está allí para que usted lo cure. Todo esto, digamos que no existe, excepto como proyecciones que salen de su interior. El problema no está en ellos, está en usted, y, para cambiarlo, usted es quien tiene que cambiar.

Sé que esto es difícil de entender, y mucho menos de aceptar o de vivir realmente. Echar la culpa a otra persona es mucho mas fácil que asumir la total responsabilidad pero, mientras conversaba con el Dr. Len, comencé a comprender esa cura de él, y que el Ho’oponopono significa amarse a sí mismo. Si usted desea mejorar su vida, usted debe curar su vida. Si usted desea curar a alguien, incluso a un criminal mentalmente enfermo, usted debe hacerlo curándose a sí mismo. Pregunté al Dr. Len como se curaba a sí mismo. Que era, lo que exactamente, él hacía, cuando miraba los expedientes de aquellos pacientes.

“Yo, simplemente, permanecía diciendo ‘Lo siento mucho’ y ‘Te amo’, una y otra vez y después otra”, me explicó.

“¿Solo eso?”

“¡Solo eso! Sucede que amarse a sí mismo es la mejor forma de mejorarse a sí mismo y, en la medida que usted se mejora a sí mismo, mejora su mundo”.

Permítame, ahora, dar un rápido ejemplo de como funciona esto.

Un día, alguien me envió un e-mail que me desequilibró. En el pasado, yo habría reaccionado trabajando mis aspectos emocionales tórridos o intentando razonar con la persona que me envió aquél mensaje detestable. Pero, en este momento, yo decidí intentar el método del Dr. Len. Comencé a pronunciar, en silencio: “Lo siento mucho” y “Te amo”. No decía esto para nadie en particular. Estaba, simplemente, invocando al espíritu del amor, para que él curase dentro de mí mismo lo que estaba creando aquella circunstancia externa.

Después de una hora, recibí un e-mail de la misma persona, disculpándose por el mensaje que me había enviado antes. Observé que yo no había hecho ninguna acción externa para recibir esta disculpa. Yo ni siquiera respondía aquél mensaje. No obstante, solamente repitiendo “lo siento mucho” y “te amo”, de alguna manera curé dentro de mí aquello que creara en aquella persona.

Posteriormente, participé de un taller sobre el Ho’oponopono impartido por el Dr. Len. Él tiene ahora, 70 años de edad, es considerado un “chamán abuelo” y es un poco solitario. Elogió mi libro “El factor de la Atracción”. Me dijo que, a medida que yo me mejorase a mí mismo, la vibración de mi libro aumentaría y todos sentirían lo mismo cuando lo leyesen. Resumiendo, en la medida en que yo mejore, mis lectores también mejorarán. “Y ¿que sucederá con los libros que ya he vendido y están ahí fuera?” ¡Le pregunté! “Ellos no están ahí fuera”, explicó él, desconcertándome una vez mas, con su sabiduría mística. “Ellos aún están dentro de usted”. Resumiendo, nada está en el lado de fuera. Sería necesario un libro entero para explicar esa técnica avanzada con la profundidad que ella merece.

“Basta, apenas, decir que, cuando usted quiera o desee mejorar cualquier cosa en su vida, existe solamente un lugar donde buscar: dentro de usted mismo. Y, cuando mire, hágalo con amor”.

Como practicar el Ho’oponopono

Aquí entenderá por qué el intelecto no dispone de los recursos para resolver problemas, él solo puede manejarlos. Y manejar no resuelve problemas. Al hacer el Ho’oponopono usted pide a Dios, a la Divinidad, que limpie, y purifique el origen de estos problemas, que son los recuerdos, las memorias. Usted así neutraliza la energía que usted asocia a determinada persona, lugar o cosa.

En el proceso esta energía es liberada y transmutada en pura luz por la Divinidad. Y dentro de usted el espacio vaciado es llenado por la luz de la Divinidad. Por lo que, en el Ho’oponopono no hay culpa, no es necesario revivir ningún sufrimiento, no importa saber el porqué del problema, de quién es la culpa, ni su origen. En el momento que usted nota dentro de sí algo incómodo en relación a una persona, lugar, acontecimiento o cosa, inicie el proceso de limpieza, pida a Dios:

“Divinidad limpia en mí lo que está contribuyendo para este problema.”

Entonces use las frases de esta secuencia: “Lo siento mucho. Perdóname. Te amo. Gracias”, varias veces, usted puede destacar solo alguna de ellas que le llegue mas en aquél momento y repetirla.

Deje a su intuición guiarle. Cuando usted dice “Lo siento mucho” usted reconoce que algo (no importa saber el qué) penetró en su sistema cuerpo/mente. Usted quiere el perdón interior por lo que le trajo aquello. Al decir “Perdóname” usted no está pidiendo a Dios que le perdone, usted está pidiendo a Dios que le ayude a perdonarse. “Te amo” transmuta la energía bloqueada (que es el problema) en energía fluyendo, le vuelve a unir al Divino. “Gracias” o “Estoy agradecido” es su expresión de gratitud, su fe en que todo será resuelto para el bien mayor de todos los involucrados. A partir de este momento lo que suceda después es determinado por la Divinidad, usted puede ser inspirado a hacer alguna acción, cualquiera que sea, o no. Si continuase dudando, persista en el proceso de limpieza y después, cuando estés completamente limpio, obtendrás la respuesta.

Recuerde siempre que lo que usted ve de errado en el prójimo también existe en usted, todos somos Uno, por tanto toda cura es auto-cura. En la medida en que usted mejora el mundo también mejora. Asuma esta responsabilidad. Nadie más necesita hacer este proceso, solo usted.

No existe ninguna regla en relación al orden de las frases. Use la secuencia con la cual se sienta mejor, la que esté mas en sintonía con su momento. Puede usar una o dos, generalmente solo “Te amo” ya resuelve. El aspecto principal es que estamos aprendiendo a relacionarnos con nuestra Mente Subconsciente, conocida en la tradición hawaiana como el Unihipilli. Él es responsable de las memorias, él las recibe y almacena, repitiéndolas conforme su programación. Es a él al que debemos aprender a amar, pidiendo perdón por la falta de consideración y comunicación.

Existen detalles sobre sus características que no es necesario que sean abordadas aquí. Lo importante es saber que nos integramos con nuestra Mente Subconsciente al pedir a la Divinidad que limpie las memorias que se repiten, que generan los conflictos, los problemas, los bloqueos de energía, que resultan en dolencias, psíquicas y físicas.

Las Frases
Lo principal es el uso de las frases: Lo siento. Perdóname. Te amo. Gracias. El Ho’ponopono incesante del cual el Dr. Len habla, es decir mentalmente estas frases, o frase, antes y durante todo lo que se hace, y lugar que se va. Al reparar en sentimientos aflorando, aproveche para hacer esta limpieza. Como ejemplo: la persona siente la necesidad de adelgazar, a través de la fuerza de voluntad hasta que consiga perder peso, pero está siempre en aquella tensión, aflicción, frustración, por tener miedo de engordar o por haber engordado de nuevo. Limpiándose sobre esos sentimientos se hace que el programa interno guardado en la Mente Subconsciente, responsable de que la persona tenga sobrepeso sea eliminado. Lo mismo para quien quiera dejar de fumar, siempre que tenga ganas de fumar haga la limpieza con las frases, o frase, pida a la Divinidad para que limpie las memorias/programas responsables de aquellos sentimientos. Pero, no limpie visualizando el resultado de perder peso o dejar de fumar. Pida a la Divinidad que limpie el sentimiento incómodo en relación a aquella condición o hábito. Esto sí. Deje a la Divinidad proporcionarle lo mejor.

Acción del Día:
* Identifica una persona que quieras que te perdone o con la cual quieras sanar una relación, librarte; y aplica el proceso descrito anteriormente, repitiendo continuamente “Lo siento. Perdóname. Te amo. Gracias.”
* Ahora, medita sobre todo el proceso del Ho’ponopono y aplícalo a tu vida diaria.

Pensamiento del Día:
Perdona y se te perdonará.
-Lucas 6:37

Afirmación del Día:
“Lo siento. Perdóname. Te amo. Gracias.”

Autora y Líder del proyecto en Mexico: Liza Macari
lizamacari@gmail.com

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